La sociedad de consumo - Orígenes y desarrollo



·       Orígenes de la sociedad capitalista. El puritanismo y la teoría de la predestinación

La llamada ¨sociedad de consumo¨ tiene un orígen social y antecedentes históricos propios. Como modelo social es el producto histórico de determinado estadio de desarrollo de la economía capitalista, y proviene de dos corrientes.
·       La primera se refiere al espíritu materialista puritano que dio basamento al desarrollo económico de los Estados Unidos, religión de los padres fundadores protestantes y sus elites dirigentes, que se caracterizaba por su concepción particular del ascetismo cristiano. Este se basaba en un elitismo religioso, en donde una minoría de ¨elegidos¨ o personas superiores, practicaban una ética de extrema laboriosidad basada en la producción, el ahorro y la reinversión de los capitales ahorrados en la producción, dejando de lado toda alternativa que tendiese a la ociosidad. Esa negación del ocio, dio orígen al término ¨neg-ocio¨. Para estos puritanos ¨virtuoso¨ era aquella persona que se caracterizaba por su frugalidad en el consumo, una castidad obsesiva y por la sobriedad en sus gustos y preferencias. Estas conductas de orígen religioso protestante, son el fundamento de una moral que tiende a conformar una especie particular de economía capitalista.
·       La segunda tiene que ver con la vieja teoría de la predestinación y de la vocación religiosa, por la cual se unía religión y economía en una concepción que entendía que el exitoso en los negocios, estaba destinado a la salvación. Por su parte estos ¨elegidos¨, triunfadores en el mundo material, eran el resultado de una selección natural en donde los más aptos resultan ganadores y los menos aptos perdedores por predestinación divina, y por lo tanto destinados a ser excluídos de los beneficios de la salvación. El hecho de ser perdedores, les daba a ciertos individuos la categoría de inferiores, menos aptos, y trasladado ello a la religión los convertía en los ¨no elegidos¨ o condenados, por lo tanto los que no estaban predestinados a salvarse, lo que significa directamente que eran los candidatos directos al infierno, tanto religioso como social y económico.

Esta teoría de la predestinación y la vocación religiosa con su secuela de división social entre exitosos y fracasados –salvados y condenados en la religión puritana- , y el espíritu materialista puritano que alimentaba el ansia de ser exitosos, condujo a una mezcla que condujo a aplicar las concepciones naturalistas de Charles Darwin a la ciencia social. Como todos conocemos, éste fue el científico que elaboró la teoría de la evolución de las especies ,en donde el hombre es el producto de una selección natural originada en el desarrollo orgánico y progresivo de los simios, cuyo producto acabado es el humano, el simio más perfecto, el seleccionado por la diosa ¨naturaleza¨.
La proyección de esta teoría darwinista de las ciencias naturales a las ciencias sociales, dio como nacimiento el denominado ¨darwinismo social¨: la teoría de la selección naturla de los individuos y las especies sociales.

·       El darwinismo social

Herbert Spencer, fue quien esbozó la idea de la ¨supervivencia de los mejores¨, que es aquella teoría que dice que en toda sociedad existe una ¨raza superior¨ que se basa en sus condiciones de existencia. La corriente spenceriana afirma que no todos lo hombres son iguales, y que por lo tanto se produce una selección natural en donde hay triunfadores y perdedores, a partir de la diferenciación que produce sus distintas cualidades genéticas y cualidades adquiridas. Los triunfadores en una sociedad y en el mercado son quienes tienen esas cualidades originarias genéticamente y los que incorporan cualidades en su interrelación con el medio social a través de la competencia con otros seres. El perdedor, es aquel que no posee cualidades genéticas, ni adquiridas, y por lo tanto son seres de escasa evolución, seres inferiores. De acuerdo a esta concepción los seres más fuertes o más inteligentes tienen prerrogativas sobre el resto de los humanos, en virtud de su capacidad innata y adquirida sobre los más débiles física o mentalmente. De esta manera se puede justificar desde la eliminación de seres dementes o débiles, hasta el exterminio de razas consideradas inferiores, o sub-razas que no hayan evolucionado como las más avanzadas de la humanidad. Las primeras están destinadas a regir, en tanto que el resto deberán obedecer o ser eliminadas por el proceso natural de selección y supervivencia de especies.
De allí que las opiniones de Spencer sobre la asistencia social y la prestación de servicios fundamentales como la educación pública o la salud pública hayan sido particularmente negativas. Según este autor, la educación debe ser ¨no pública¨, por lo tanto no universal ni igualitaria, ya que educando a todos por igual, de esa manera se estaría contrariando la libre elección entre la educación o la ignorancia. Igualar a los seres, es mantener vivos y compitiendo a los perdedores o inferiores que deben seleccionarse y eliminarse. Lo mismo con respecto a la salud pública y la ayuda a los necesitados, ya que eso significaría una injusticia en cuanto a invertir la selección natural de las especies. De allí que Spencer justifique la explotación de los menos capaces por parte de los más capaces o dotados.
El darwinismo social propone a partir de estas concepciones el libre juego de la oferta y la demanda en la economía como ley económica que trasunta la selección en el mercado, sin trabas ni intervenciones deformantes de las leyes de la selección natural. Une por un lado la teoría social de Spencer de la ¨supervivencia del más apto¨, y la tesis evolucionista de Darwin de la ¨selección natural¨. 

·       Del capitalismo puritano a la sociedad de consumo

El desarrollo del capitalismo tuvo en los principales países en que se desarrolló, diversas etapas cada una de ellas con características particulares. Como vimos anteriormente en los Estados Unidos tuvo como orígen en la unión del puritanismo y la teoría de la predestinación. Posteriormente esta fórmula por si sola no respondió a los intereses de los grupos capitalistas a medida que se desarrollaba el mercado nacional de ese país. Las propuestas de ascetismo, laboriosidad, producción y ahorro, fueron superadas por una nueva etapa y una nueva ética en que se amalgamó ciertas propuestas puritanas con el darwinismo social. Este nuevo capitalismo que evolucionó de la ¨sociedad de ahorro¨ hacia la ¨sociedad de consumo¨, lo significó el paso de un capitalismo conservador y sobrio, aun capitalismo liberal o consumista. Sus características principales eran las siguientes:
·       El  capitalismo conservador, aun impulsaba la idea naturalista de la exclusión social y marginación de los débiles y pobres, manteniendo vigentes ciertas ´virtudes´ de los ¨elegidos´ como la laboriosidad, la castidad o moderación en los placeres, la sobriedad, y la frugalidad.
·       El capitalismo liberal, a diferencia del anterior, propugnó mayores niveles de consumo, y sobre todo mayor consumo para todos, sin excluir a los pobres. Esta línea de pensamiento buscaba acrecentar el mercado incorporando a toda la sociedad a la participación social en el mismo, incrementando la capacidad de consumo de los pobres. Los liberales mantuvieron del viejo puritanismo sólo la invocación a la laboriosidad, pero abandonaron el ascetismo y la moderación en los placeres y la frugalidad. O sea que conservaron la ética puritana en la actividad productiva, pero la abandonaron en el consumo, proponiendo el relajamiento de las rígidas costumbres puritanas, el abandono de los límites autoimpuestos moralmente, y la sugerencia a vivir ´nuevas experiencias´ a partir de consumo.

·       Nace la sociedad de consumo

La sociedad de consumo como tal tiene su primer manifestación en el mercado capitalista norteamericano. Es el producto de la unión de las nuevas tecnología de producción, y de las nuevas organizaciones económicas. Entre las nuevas tecnologías productivas está la producción masiva que llevó al abaratamiento de los productos, la aparición de la mercadotecnia, o sea el estudio del consumidor, y la compra y venta a plazos, que estimuló enormemente las posibilidades de compra de los individuos con menores recursos.
La sociedad de consumo implicó la puesta en marcha de una nueva cultura mediática, que significó el abandono de las viejas creencias religiosas, y la caída de las antiguas jerarquías sociales, éticas y familiares. La nueva cultura mediática del consumismo, implico la ruptura de viejos tabúes sociales y personales, el remplazo de las viejas instituciones sociales y religiosas como transmisoras de conocimientos, la aparición de la propaganda como instrumento de incitación y predicadora de conductas y hábitos, y la desestructuración de la familia como ámbito de contención. Entre las consecuencias más inmediatas de esta nueva cultura del consumo, está la aparición de la moda, como producto de la propaganda o insistencia en la actuación en determinado sentido marcado por el mercado, en tanto que la disolución creciente de la familia y las instituciones tradicionales, llevó a la aparición del consumidor independiente, o el individuo ´a la intemperie social´.
Abandonado a su suerte, sin familia que lo contenga, sin instituciones religiosas ni creencias que le imponga límites, sin transmisión de conocimientos generacionales, y habiendo abandonado toda creencia o sistema ético, el individuo queda a merced de la propaganda, la moda y busca la felicidad consumiendo.

·       Características y funcionamiento de la sociedad de consumo

La idea central de una sociedad de consumo pasa por una economía de producción, con alta tecnificación, apuntando a mayores niveles de productividad, mayores ventas, y sometimiento del mundo natural a la lógica productiva. Una economía de este tipo necesita expandirse continuamente y producir pero sin sobreproducción, buscando un crecimiento equilibrado pero persistente de los mercados de consumo. Si un mercado de consumo se agota, inmediatamente hay que prever la creación de otro mercado de consumo que lo reemplace para que la maquinaria siga funcionando. Por eso es necesario a veces utilizar la maquinaria propagandística para acrecentar o crear necesidades de consumo, desarrollando estrategias de ventas de productos, como promocionar nuevos estilos y modos de vida. Otra de las características de la sociedad de consumo es la estandarizacion de los descubrimientos técnicos, cuya aparición responderán al ritmo de necesidad de nuevos mercados de consumo. También necesita para su funcionamiento la división estricta del trabajo, con un alto grado de automatización y especialización en las tareas.
Los dos pilares sobre los que descansa la sociedad de consumo, son por un lado la abundancia de productos, y por el otro la capacidad de compra y de consumo de la gente. Para que el consumo sea masivo, se echa mano de los medios de comunicación de masas, a partir de los cuales se proyectan nuevos valores y una nueva moral, que genere el consumo compulsivo en los individuos. A partir de ello, las consecuencias más habituales es que el ser humano con capacidad de consumo esté satisfecho pero necesite ser realimentado de nuevos productos, en tanto que quienes se encuentran sin capacidad de consumo, viven el síndrome de la abstinencia y en continua ansiedad.

·       Presupuestos básicos de la sociedad de consumo

La sociedad de consumo posee una lógica interna que le da sentido a su funcionamiento, que necesita una serie de presupuestos básicos, o condiciones sin las cuales no podría subsistir como tal. Los principales son:
1.     La necesidad de que existan consumidores manipulables. Si el consumidor piensa lo que consume, no consume
2.     El remplazo continuo de los objetos consumibles, a través de la creación o recreación de modas o de innovaciones tecnológicas
3.     El abandono de la ética del ahorro, y el remplazo por la del consumo, ya que el que ahorra no consume
4.     La universalización del consumo: es necesario que todos consuman, ampliando el mercado a los individuos de distintas condiciones sociales, e impulsando la masificación del consumo
5.     Preparar psicológicamente a los individuos hacia la inclinación permanente hacia las cosas, y que las considere necesarias para su existencia persona.
6.     Asimismo se procede a la creación de necesidades sociales, sean indispensables o no indispensables para la vida. Si no existen, hay que poner en marcha el proceso de formación de necesidades, renovando las viejas ya satisfechas y creando nuevas.
7.     Estimular incesantemente el consumo por manipulación, sugestión y alienación. El consumismo necesita de la conquista de la mente del individuo, que debe responder compulsivamente al consumo.
8.     Instituir nuevos valores sociales consumistas, o valores del sistema, que apunten a la búsqueda incesante y perpetua, la insatisfacción eterna, y la inestabilidad constante.
9.     La sociedad de consumo impone a la economía una nueva modalidad de crecimiento económico, que produce el crecimiento de necesidades en los países o sociedades desarrolladas vía propaganda, y el despilfarro y sobreexplotación de recursos y materias primas en los países subdesarrollados
10.  Otra de las tareas de la sociedad de consumo además de acrecentar mercados y crear necesidades es decretar obsolescencias, o sea establecer hasta dónde se considera consumible los bienes consumibles, y se debe impone un nuevo producto.

·       Consecuencias de la sociedad de consumo

Una de los efectos más evidentes de este tipo de sociedad capitalista de consumo es la producción de una nueva especie de esclavitud, en donde el hombre se convierte en un ser que produce y consume, y a su vez es súbdito de lo que consume. Si bien es evidente las mejoras en la calidad de vida material de las personas, mediante la retribución que recibe en forma de salario, vende su trabajo, y consume productos abandonando su libertad. Es muy común que las personas experimenten inseguridad individual por el desplazamiento de sus valores absolutos, por otros valores relativos que no le satisfacen integralmente ni le hacen feliz.

Las consecuencias sociales más generalizadas de una sociedad de consumo son la aparición masiva de vicios sociales, drogadicción, hastío anímico, anomia social, desintegración de los grupos sociales primarios como la familia, y de grupos secundarios tradicionales que contengan e inculquen valores éticos y de convivencia sociales. En general la sociedad de consumo subordina al individuo a las cosas y a sus sentidos


Zygmunt Bauman y Las redes sociales

Es la voz del 'precariado'. El sociólogo denuncia la desigualdad y la caída de la clase media. Y avisa a los indignados de que su experimento puede tener corta vida
Por RICARDO DE QUEROL
Este polaco (Poznan, 1925) era niño cuando su familia, judía, escapó del nazismo a la URSS, y en 1968 tuvo que abandonar su propio país, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y se instaló después en la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera. Su obra, que arranca en los años sesenta, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, junto a su colega Alain Touraine.
Se le considera un pesimista. Su diagnóstico de la realidad en sus últimos libros es sumamente crítico. En ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? (2014) explica el alto precio que se paga hoy por el neoliberalismo triunfal de los ochenta y la “treintena opulenta” que siguió. Su conclusión: que la promesa de que la riqueza de los de arriba se filtraría a los de abajo ha resultado una gran mentira. En Ceguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, alerta de la pérdida del sentido de comunidad en un mundo individualista. En su nuevo ensayo vuelve a las cuatro manos, en diálogo con el sociólogo italiano Carlo Bordoni. Se llama Estado de crisis y trata de arrojar luz sobre un momento histórico de gran incertidumbre. Paidós lo publica en España el día 12.
Bauman vuelve a su hotel junto al filósofo español Javier Gomá, con quien ha debatido en el marco del Foro de la Cultura, un ciclo que celebrará su segunda edición en noviembre y trata de convocar en Burgos a los grandes pensadores mundiales. Él es uno de ellos.
PREGUNTA. Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia?
RESPUESTA. Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.

P. El péndulo que describe entre libertad y seguridad ¿hacia qué lado está oscilando?
R. Son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche… ya lo pagarás después. Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamos precariado. La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece... El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad.

P. Afirma que la idea del progreso es un mito. Porque en el pasado la gente confiaba en que el futuro sería mejor y ya no.
R. Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas. No soy capaz de hacer de profeta. Estamos experimentando con nuevas formas de hacer cosas. España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa de mayo (el 15-M), en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa. Eso probó tener una corta vida. Las políticas de austeridad van a continuar, no las podían parar, pero pueden ser relativamente efectivos en introducir nuevas formas de hacer las cosas.

P. Usted sostiene que el movimiento de los indignados “sabe cómo despejar el terreno pero no cómo construir algo sólido”.

R. La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común. Si el propósito es negativo, enfadarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y muy breves.

P. Y lamenta que, por su naturaleza “arco iris”, no cabe un liderazgo sólido.
R. Los líderes son tipos duros, que tienen ideas e ideologías, y la visibilidad y la ilusión de unidad desaparecería. Precisamente porque no tienen líderes el movimiento puede sobrevivir. Pero precisamente porque no tienen líderes no pueden convertir su unidad en una acción práctica.

P. En España las consecuencias del 15-M sí han llegado a la política. Han emergido con fuerza nuevos partidos.
R. El cambio de un partido por otro partido no va a resolver el problema. El problema hoy no es que los partidos sean los equivocados, sino que no controlan los instrumentos. Los problemas de los españoles no están confinados al territorio español, sino al globo. La presunción de que se puede resolver la situación desde dentro es errónea.

P. Usted analiza la crisis del Estado-nación. ¿Qué opina de las aspiraciones independentistas de Cataluña?
R. Pienso que seguimos en los principios de Versalles, cuando se estableció el derecho de cada nación a la autodeterminación. Pero eso hoy es una ficción porque no existen territorios homogéneos. Hoy toda sociedad es una colección de diásporas. La gente se une a una sociedad a la que es leal, y paga impuestos, pero al mismo tiempo no quieren rendir su identidad. La conexión entre lo local y la identidad se ha roto. La situación en Cataluña, como en Escocia o Lombardía, es una contradicción entre la identidad tribal y la ciudadanía de un país. Ellos son europeos, pero no quieren ir a Bruselas vía Madrid, sino desde Barcelona. La misma lógica está emergiendo en casi  todos los países. Seguimos en los principios establecidos al final de la Primera Guerra Mundial, pero ha habido muchos cambios en el mundo.


P. Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?
R. La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa. 


Estado de crisis. Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni. Traducción de Albino Santos Mosquera. Paidós. Barcelona, 2016. 157 págs., 

Marx y la plusvalía


Marx y la dialectica


Emile Durkheim, "Las Reglas del Método Sociológico"


Cap. I: "Qué es un hecho social" 

Antes de indagar el método que conviene al estudio de los hechos sociales, es preciso saber a qué hechos se da este nombre.

La cuestión es tanto más necesaria, en cuanto se emplea aquel calificativo sin mucha precisión; se le emplea corrientemente para designar a casi todos los fenómenos que ocurren en el interior de la sociedad, por poco que a una cierta generalidad unan algún interés social. Pero, partiendo de esta base, apenas si podríamos encontrar ningún hecho humano que no pudiera ser calificado de social. Todo individuo bebe, duerme, come, razona, y la sociedad tiene un gran interés en que estas funciones se cumplan regularmente. Si estos hechos fueran, pues, sociales, la sociología no tendría objeto propio, y su dominio se confundiría con el de la biología y el de la psicología.

Pero, en realidad, en toda sociedad existe un grupo determinado de fenómenos que se distinguen por carácteres bien definidos de aquellos que estudian las demás ciencias de la Naturaleza.

Cuando yo cumplo mi deber de hermano, de esposo o de ciudadano, cuando ejecuto las obligaciones a que me he comprometido, cumplo deberes definidos, con independencia de mí mismo y de mis actos, en el derecho y en las costumbres. Aún en los casos en que están acordes con mis sentimientos propios, y sienta interiormente su realidad, ésta no deja de ser objetiva, pues no soy yo quien los ha inventado, sino que los he recibido por la educación. ¡Cuántas veces sucede que ignoramos el detalle de las obligaciones que nos incumben, y para conocerlas tenemos necesidad de consultar el Código y sus intérpretes autorizados! De la misma manera, al nacer el creyente ha encontrado completamente formadas sus creencias y prácticas; si existían antes que él, es que tienen vida independiente. El sistema de signos de que me sirvo para expresar mi pensamiento, el sistema de monedas que uso para pagar mis deudas, los instrumentos de crédito que utilizo en mis relaciones comerciales, las prácticas seguidas de mi profesión, etc., funcionan con independencia del empleo que hago de ellos. Que se tomen uno tras otros los miembros que integran la sociedad, y lo que precede podrá afirmarse de todos ellos.

He aquí, pues, maneras de obrar, de pensar y de sentir, que presentan la importante propiedad de existir con independencia de las conciencias individuales.

Y estos tipos de conducta o de pensar no sólo son exteriores al Individuo, sino que están dotados de una fuerza imperativa y coercitiva, por la cual se le imponen, quieran o no. Sin duda, cuando me conformo con ellos de buen grado, como esta coacción no existe o pesa poco, es inútil; pero no por esto deja de constituir un carácter intrínseco de estos hechos y la prueba la tenemos en que se afirma, a partir del momento en que intentamos resistir. Si yo trato de violar las reglas del derecho, reaccionan contra mí para impedir mi acto si todavía hay tiempo, o para anularlo y restablecerlo en su forma normal si se ha realizado y es reparable, o para hacérmelo expiar si no puede ser reparado de otra manera. ¿Se trata de máximas puramente morales? La conciencia pública impide todo acto que la ofenda, por la vigilancia que ejerce sobre la conducta de los ciudadanos y las penas especiales de que dispone. En otros casos la coacción es menos violenta, pero existe. Si yo no me someto a las convenciones del mundo, si al vestirme no tengo en cuenta las costumbres seguidas en mi país y en mi clase, la risa que provoco, el aislamiento en que se me tiene, producen, aunque de una manera más atenuada, los mismos efectos que una pena propiamente tal. Además, no por ser la coacción indirecta, es menos eficaz. Yo no tengo obligación de hablar en francés con mis compatriotas, ni de emplear las monedas legales; pero me es imposible hacer otra cosa. Si intentara escapar a esta necesidad mi tentativa fracasaría miserablemente. Industrial, nada me impide trabajar con procedimientos y métodos del siglo pasado; pero si lo hago me arruinaré sin remedio. Aun cuando pueda liberarme de estas reglas y violarlas con éxito, no lo haré sin lucha. Aun cuando pueda vencerlas definitivamente, siempre hacen sentir lo suficiente su fuerza coactiva por la esistencia que oponen. Ningún innovador, por feliz que haya sido en su empresa, puede vanagloriarse de no haber encontrado obstáculos de este género.

He aquí, pues, un orden de hechos que presentan caracteres muy especiales: consisten en maneras de obrar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo, y que están dotadas de un poder coactivo, por el cual se le imponen. Por consiguiente, no pueden confundirse con los fenómenos orgánicos, pues consisten en representaciones y en acciones; ni con los fenómenos psíquicos, que sólo tienen vida en la conciencia individual y por ella. Constituyen, pues, una especie nueva, a que se ha de dar y reservar la calificación de (sociales). Esta calificación les conviene, pues no teniendo al individuo por sustracto, es evidente que no pueden tener otro que la sociedad, ya a la política en su integridad, ya a algunos de los grupos parciales que contiene, confesiones religiosas, escuelas políticas, literarias, corporaciones profesionales, etc. Además, podemos afirmar que sólo conviene a ellos, pues la palabra social, sólo tiene un sentido definido a condición de designar únicamente fenómenos que no entran en ninguna de las categorías de hechos constituidos y calificados. Constituyen, pues, el dominio propio de la sociología. Es verdad que la palabra coacción, con la cual los definimos, corre riesgo de asustar a los partidarios entusiastas de un individualismo absoluto. Como estos creen que el individuo es perfectamente autónomo, consideran que se aminora su valor, siempre que se intenta hacerlo depender de algo que no sea él mismo. Más siendo hoy ya incontestable que la mayoría de nuestras ideas y tendencias no son elaboradas por nosotros, sino que provienen del exterior, es evidente que sólo pueden penetrar en nosotros, por medio de la imposición: esto es cuanto significa nuestra definición. Además, es cosa sabida que toda coacción social no es necesariamente exclusiva de la personalidad individual.(1)

Sin embargo, como los ejemplos que acabamos de citar (reglas jurídicas, morales, dogmas religiosos, sistemas financieros, etc.), consisten todos en creencias y en prácticas constituidas, de lo que antecede podría deducirse que el hecho social ha de ir acompañado forzosamente de una organización definida. Pero existen otros hechos que, sin presentar estas formas cristalizadas, tienen la misma objetividad y el mismo ascendiente sobre el individuo. Nos referimos a lo que se ha llamado corrientes sociales. Por ejemplo: en una asamblea, los grandes movimientos de entusiasmo, de indignación, de piedad, que se producen, no se originan en ninguna conciencia particular. Vienen a cada uno de nosotros del exterior, y son capaces de arrastrarnos aun contra nuestro deseo. Sin duda, puede suceder que si me abandono a ellos sin reserva, yo no sienta la presión que ejercen sobre mí. Pero aparece desde el momento en que intente resistirlos. Que un Individuo trate de oponerse a una de estas manifestaciones colectivas, y los sentimientos que niega, se vuelven en su contra. Ahora bien, si esta fuerza de coerción externa se afirma con tal claridad en los casos de resistencia, es que existe, aunque inconsciente, en los casos contrarios. Entonces somos víctimas de una ilusión que nos hace creer que hemos elaborado por nosotros mismos lo que se nos impone desde fuera. Pero si la complacencia con que creemos esto, desfigura el impulso sufrido, no lo suprime . El aire tampoco deja de ser pesado, porque no sintamos su peso. Aun cuando hayamos, por nuestra parte, colaborado a la emoción común, la impresión que hemos sentido es muy diferente de la que hubiéramos experimentado de estar solos. Una vez terminada la reunión, y cesado de obrar sobre nosotros aquellas influencias sociales, al encontrarnos solos con nosotros mismos, los sentimientos por los que hemos pasado nos hacen el efecto de algo extraño en lo cual no nos reconocemos. Entonces comprendemos que los hemos sufrido mucho más de lo que en ellos hemos colaborado. Hasta pueden inspirarnos horror, por lo contrarios que son a nuestra naturaleza. Y de esta manera, individuos generalmente inofensivos, reunidos en manada, pueden dejarse arrastrar por actos de verdadera atrocidad. Ahora bien; cuanto hemos dicho de estas explosiones pasajeras, se aplica igualmente a estos movimientos de opinión, más duraderos, que se producen sin cesar a nuestro alrededor, ya en el conjunto de la sociedad, ya en círculos más limitados, sobre materias religiosas, políticas, literarias, artísticas, etc.

De otra parte, para confirmar con una experiencia característica esta definición del hecho social, basta observar la manera como son educados los niños. Cuando se miran los hechos tales como son y como siempre han sido, salta a los ojos que toda educación consiste en un esfuerzo continuo para imponer a los niños maneras de ver, de sentir y de obrar, a las cuales no habrían llegado espontáneamente. Desde los primeros momentos de su vida les obligamos a comer, a beber, a dormir en horas regulares, a la limpieza, al sosiego, a la obediencia; más tarde les hacemos fuerza para que tengan en cuenta a los demás, para que respeten los usos, conveniencias; les coaccionamos para que trabajen, etcétera. Si con el tiempo dejan de sentir esta coacción, es que poco a poco origina hábitos y tendencias internas que la hacen inútil, pero que sólo la reemplazan porque derivan de ella. Es verdad que, según Spencer, una educación racional debería reprobar tales procedimientos y dejar en completa libertad al niño; pero como esta teoría pedagógica no ha sido practicada por ningún pueblo conocido, sólo constituye un desiderátum personal, no un hecho que pueda oponerse a los hechos que preceden. Lo que hace a estos últimos particularmente instructivos, es el tener la educación precisamente por objeto el constituir al ser social; en ella se puede ver, como en resumen, la manera como en la historia se ha constituido este ser. Esta presión de todos los momentos que sufre el niño es la presión misma del medio social que tiende a moldearlo a su imagen y del cual los padres y los maestros no son más que los representantes y los intermediarios.

No es su generalidad lo que puede servirnos para caracterizar los fenómenos sociales. Un pensamiento que se encuentre en todas las conciencias particulares, un movimiento que repitan todos los individuos, no son, por esto, hechos sociales. Si para definirlos se contenta el sociólogo con este carácter, es que, equivocadamente, los confunde con lo que podríamos llamar sus encarnaciones individuales. Lo que los constituye son las creencias, las tendencias, las prácticas del grupo tomado colectivamente; en cuanto a las formas que revisten los estados colectivos al refractarse en los individuos, son cosas de otra especie. Lo que demuestra categóricamente esta dualidad de naturaleza es que estos dos órdenes de hechos se presentan muchas veces disasociados. En efecto: algunas de estas maneras de obrar y de pensar adquieren, por la repetición, una especie de consistencia que, por decirlo así, los precipita y los aisla de los hechos particulares que los reflejan. De esta manera afectan un cuerpo y una forma sensible que les es propio, y constituyen una realidad sui géneris muy distinta de los hechos Individuales que las manifiestan. El hábito colectivo no existe sólo en estado de inmanencia en los actos sucesivos que determina, sino que, por un privilegio sin par en el reino biológico, se expresa una vez para siempre en una fórmula que se repite de boca en boca, se transmite por la educación y hasta se fija por escrito. Tal es el origen de las reglas jurídicas, morales, de los aforismos y dichos populares, de los artículos de fe, en donde las sectas religiosas y políticas condensan sus creencias, de los códigos de lo bello que erigen las escuelas literarias. Ninguna de ellas se encuentran por completo en las aplicaciones que hacen las particulares, pues hasta pueden existir sin ser actualmente aplicadas.

Sin duda esta disociación no se presenta siempre con la misma claridad. Pero basta con que exista de una manera incontestable en los importantes y numerosos casos que acabamos de recordar, para demostrar que el hecho social es distinto de sus repercusiones individuales. Además, aun cuando no se presente inmediatamente a la observación, puédese ésta realizar mediante ciertos artificios de método: hasta es necesario proceder a esta operación si se quiere separar el hecho social de toda mescolanza, para observarlo de esta manera en estado de pureza. Y de esta manera, existen ciertas corrientes de opinión que nos empujan con una desigual intensidad, según los tiempos y los países, una, por ejemplo, hacia el matrimonio, otra, al suicidio o a una natalidad más o menos fuerte. Y todo esto son evidentemente hechos sociales. A la primera impresión parecen inseparables de las formas que toman en los casos particulares; pero la estadística nos proporciona medios para aislarlos. En efecto; no sin exactitud están figurados por el tanto por ciento de la natalidad, de los matrimonios, de los suicidios, es decir, por el número que se obtiene dividiendo el total medio anual de los matrimonios, de los nacimientos, de las muertes voluntarias por los hombres en edad de casarse, de procrear, de suicidarse.(2) Y esto porque como cada una de estas cifras comprende todos los casos particulares indistintamente, las circunstancias individuales que pueden tener cierta influencia en la producción del fenómeno se neutralizan mutuamente y, por consiguiente, no contribuyen a su determinación. Lo que expresan es un determinado estado del alma colectiva.

He aquí lo que son los fenómenos sociales una vez que se los ha desembarazado de todo elemento extraño. En cuanto a sus manifestaciones privadas, podemos afirmar que tienen algo de social, pues reproducen en parte un modelo colectivo; pero cada una de ellas depende también, y en mucho, de la constitución orgánico-psíquica del individuo, de las circunstancias particulares en que está colocado. Estas manifestaciones no son, pues, fenómenos propiamente sociológicos. Pertenecen a la vez a dos reinos: se las podría llamar socio-psíquicas. Interesan al sociólogo, sin constituir la materia inmediata de la sociología. En el interior del organismo se encuentran también fenómenos de naturaleza mixta que estudian las ciencias mixtas, como la química biológica.

Pero, se dirá:un fenómeno sólo puede ser colectivo a condición de ser común a todos los miembros de la sociedad o, por lo menos, a la mayoría de ellos, y, por consiguiente, si es general. Sin duda, pero si es general, se debe a que es colectivo (es decir, más o menos obligatorio), bien lejos de ser colectivo porque es general. Es un estado del grupo que se repite en los individuos porque se les impone. Existe en cada parte porque está en todo, lejos de que esté en el todo porque está en las partes. Esto es lo que es especialmente evidente de estas creencias y de estas prácticas, que las generaciones anteriores nos han transmitido completamente formadas; las recibimos y las adoptamos, porque siendo a la vez una obra colectiva y una obra secular, están investidas de una autoridad particular que la educación nos ha enseñado a reconocer y a respetar. ahora bien; hay que notar que la inmensa mayoría de los fenómenos sociales llegan a nosotros por este camino. Aun cuando el hecho social sea debido en parte a nuestra colaboración directa, no por esto cambia de naturaleza. Un sentimiento colectivo que se manifiesta en una asamblea, no expresa solamente lo que había de común entre todos los sentimientos individuales, sino que representa algo completamente distinto, como ya hemos demostrado. Es una resultante de la vida común, un producto de las acciones y reacciones que se desarrollan entre las conciencias individuales; si resuena en cada una de ellas, es en virtud de la energía especial que debe precisamente a su origen colectivo. Si todos los corazones vibran al unísono, no es a consecuencia de una concordancia espontánea y preesta-blecida, sino porque una misma fuerza los mueve en el mismo sentido. Cada uno es arrastrado por todos.

Llegamos, pues, a representarnos de una manera precisa el dominio de la sociología. Este dominio comprende solamente un grupo determinado de fenómenos. Un hecho social se reconoce en el poder de coerción externa que ejerce o es susceptible de ejercer sobre los individuos; y la presencia de este poder se reconoce a su vez, ya por la existencia de alguna sanción determinada, ya por la resistencia que el hecho opone a toda empresa individual que tienda a violarla. Sin embargo también se lo puede definir por la difusión que presenta en el interior del grupo, con tal que, teniendo en cuenta las precedentes observaciones, se tenga cuidado de añadir, como segunda especial característica, que existe con independencia de las formas individuales que toma al confundirse. En algunos casos, este último criterio hasta es de una aplicación más sencilla que el anterior. En efecto; la coacción es fácil de constatar cuando se traduce al exterior por alguna reacción directa de la sociedad, como sucede, por ejemplo, con el derecho, con la moral, con las creencias, con los usos y hasta con las modas.

Pero cuando esta coacción es indirecta, como, por ejemplo, la que ejerce una organización económica, no se percibe siempre con la necesaria claridad. La generalidad, combinada con la objetividad, pueden entonces ser más fáciles de establecer. De otra parte, esta segunda definición no es más que la primera en una forma distinta; pues si una manera de obrar, que tiene vida fuera de las conciencias individuales se generaliza, sólo puede hacerlo imponiéndose .(3)

Sin embargo, se nos podría argüir: ¿es esta definición completa? En efecto; los hechos que nos han servido de base son todos maneras de hacer; son de orden fisiológico. Ahora bien; existen también maneras de ser colectivas; es decir hechos sociales de orden anatómico y morfológico. La sociología no puede desinteresarse de lo que concierne al sustracto de la vida colectiva. Y sin embargo, el número y naturaleza de las partes elementales de que está compuesta la sociedad, la manera de estar dispuestas; el grado de coalescencia que han alcanzado, la distribución de la población por el territorio, el número y naturaleza de las vías de comunicación, la forma de las habitaciones, etcétera, no parecen al primer examen poder reducirse a maneras de obrar, o de sentir, o de pensar.

Pero estos diversos fenómenos presentan, desde luego, la misma característica que nos ha servido para definir a los demás. Estas maneras de ser se imponen al individuo de la misma suerte que la maneras de hacer de que hemos hablado. En efecto; cuando se quiere conocer el modo como están combinadas estas divisiones, la fusión más o menos completa que existe entre ellas, no se puede obtener ningún resultado mediante una inspección material o por inspecciones geográficas; y esto porque aquellas divisiones son morales, aun cuando tengan alguna base en la naturaleza física.

Esta organización solamente puede estudiarse con el auxilio del derecho público, pues es este derecho el que la determina, de la misma manera que determina nuestras relaciones domésticas y cívicas. Ella es pues, igualmente obligatoria. Si la población se amontona en nuestras ciudades en lugar de distribuirse por el campo, es señal de que existe una corriente de opinión, un impulso colectivo, que impone a los individuos esta concentración. La libertad que tenemos para elegir nuestros vestidos, no es superior a la que tenemos para escoger la forma de nuestras casas; tan obligatoria es una cosa como la otra. Las vías de comunicación determinan de una manera imperiosa el sentido de las emigraciones interiores y de los cambios, y hasta la intensidad de estos cambios y emigraciones, etc. Por consiguiente, todo lo más, a la lista de los fenómenos que hemos enumerado, como presentando el signo distintivo del hecho social, podríamos añadir una categoría más; pero como esta enumeración no podría ser rigurosamente exhaustiva, la adición no será indispensable.

Y ni siquiera sería útil, pues estas maneras de ser no son más que maneras de hacer consolidadas. La estructura política de una sociedad no es más que la manera cómo los distintos segmentos que la componen han tomado la costumbre de vivir entre sí. Si sus relaciones son tradicionalmente estrechas, los segmentos tienden a confundirse; en el caso contrario, a distinguirse. El tipo de habitación que se nos impone, no es más que el resultado de la manera como se han acostumbrado a construir las casas, los que viven a nuestro alrededor, y en parte, las generaciones anteriores. Las vías de comunicación no son más que el cauce que se ha abierto a sí misma -al marchar en el mismo sentido- la corriente regular de los cambios y de las emigraciones, etc. Sin duda, si los fenómenos de orden morfológico fueran los únicos que presentasen esta fijeza, se podría creer que constituyen una especie aparte. Pero una regla jurídica es una coordinación tan permanente como un tipo de arquitectura, y sin embargo, es un hecho fisiológico. Una simple máxima moral es, a buen seguro, más maleable, pero presenta formas más rígidas que una sencilla costumbre profesional o que una moda. Existen, pues, toda una gama de matices que, sin solución de continuidad enlazan los hechos de estructura más caracterizada con estas corrientes libres de la vida social que todavía no se han moldeado definitivamente. Entre ellos no existen más que diferencias en el grado de consolidación que presentan. Unos y otras no son otra cosa que la vida más o menos cristalizada. Sin duda, puede existir algún interés para reservar el nombre de morfológicos a los hechos sociales que hagan referencia al sustracto social, pero en este caso no se ha de perder de vista que son de la misma naturaleza que los demás. Nuestra definición comprenderá todo lo definido, si decimos: Hecho social es toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de ejercer sobre el individuo una coacción exterior; o bien: Que es general en el conjunto de una sociedad, conservando una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.(4)

NOTAS

1- Los suicidios se producen con distinta frecuencia según la edad que se tenga y según la época en que se viva.

2- Pero un estado individual no deja de ser individual por el hecho de que rebote en otros. Además cabe preguntarse si la palabra imitación es realmente la adecuada para designar una propagación debida a una influencia coercitiva. Esta expresión se utiliza para denominar, de forma imprecisa, fenomenos muy diversos y que seria preciso diferencias.

3- Por lo dicho se comprende la distancia que media entre esta definición del hecho social y aquella otra que sirve de base al ingenioso sistema de Tarde. En primer lugar, debemos declarar que nuestras investigaciones no nos han hecho descubrir, en ninguna parte, aquella influencia preponderante que Tarde atribuye a la imitación, en la génesis de los hechos colectivos. Además, de la definición precedente -que no es una teoría, sino un simple resumen de los datos inmediatos de la observación-, parece resultar que la imitación no sólo no expresa siempre, sino que no expresa nunca lo que hay de esencial y de característico en el hecho social. Sin duda, todo hecho social es ilimitado, y como acabamos de ver, tiene una tendencia a generalizarse; pero esto es porque es social es decir, obligatorio. Su fuerza de expansión no es la causa, sino la consecuencia de su carácter sociológico. Si los hechos sociales fueran los únicos en producir esta consecuencia, la imitación podría servir si no para explicarlos, por lo menos para definirlos. Pero un estado individual que se repite no deja por esto de ser individual. Además habría necesidad de aclarar si la palabra imitación es la más conveniente para designar una propagación debida a una influencia coercitiva.
Bajo esta única expresión se confunden fenómenos muy diferentes, que sería preciso distinguir.


4- Este estrecho parentesco entre la vida y la estructura, del órgano y de la función, puede establecerse fácilmente en la sociología, porque entre estos dos términos extremos, existe toda una serie de intermediarios. Inmediatamente observables que muestran su lazo de unión. La biología no posee este recurso. Pero hay derecho para creer que las inducciones sobre este punto de la primera de estas ciencias, son aplicables a la otra, y que tanto en los organismos como en las sociedades, sólo existe entre estos dos órdenes de hecho, diferencias de grado.

Precursores de la sociologia. Saint-Simon y los socialistas utopicos

Socialismo utópico

El término socialismo utópico fue acuñado en 1839 por Louis Blanqui, aunque alcanzó notoriedad tras el empleo que de él hicieronMarx y Engels en su "Manifiesto Comunista". Éstos consideraban que los pensadores utópicos, aunque bienintencionados, pecaban de idealismo e ingenuidad. Para impedir ser confundidos con ellos, etiquetaron su propia teoría con el calificativo de "científico".
Tomás Moro (1478-1536). Ampliar imagenTomás Moro
La expresión "utopía" significa plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable ya desde el mismo momento de su formulación. Proviene de "Utopía", obra escrita por Tomás Moro, intelectual, político y humanista inglés(S. XV-XVI). En ella teorizaba acerca de una isla de ese nombre que era ideal y perfecta.
Cronológicamente las ideas del socialismo utópico alcanzaron su madurez en el período comprendido entre 1815 y 1848 (fecha de publicación del Manifiesto Comunista).
Los socialistas utópicos formaron un grupo de pensadoresheterogéneo. Sin embargo tuvieron en común una serie rasgos, en gran medida influidos por las ideas de Rousseau.
  • La importancia de la naturaleza estaba muy presente en sus ideales, aunque ello no fue obstáculo para que fuesen favorables a laindustrialización y el maquinismo.
  • Dedicaron sus esfuerzos a la creación de una sociedad ideal y perfecta, en la que el ser humano se relacionase en paz, armonía eigualdad.
  • Sus metas habrían de alcanzarse mediante la simple voluntad de los hombres, es decir, pacíficamente, de ahí que sus seguidores se opusieran a las revoluciones y a acciones como la huelga.
  • Pusieron al descubierto y denunciaron los perniciosos efectos del capitalismo, pero no investigaron sobre sus causas profundas.
  • Con el fin de paliar las injusticias y desigualdades emprendieron diversos planes, en los que primaron la solidaridad, la filantropíay el amor fraternal.
Entre los socialistas utopicos se destacaron los siguientes:

Robert Owen
Fue un empresario, fabricante de hilaturas de algodón. En su fábrica escocesa de New Lanarkpuso en práctica una serie de medidas que mejoraron significativamente las condiciones de vida de sus obreros, tales como la reducción de la jornada de trabajo, salarios más dignos, educación infantil, etc.
Robert Owen (1771-1858). Ampliar imagen
Robert Owen
El éxito lo animó a crear en USA una comunidad ideal, New Harmony, que sin embargo constituyó un fracaso. Su pensamiento y praxis influyeron de forma relevante en el cooperativismo.
Fábrica de New Lanark. Ampliar imagen
Fábrica de New Lanark
Ciudad de New Harmony. Ampliar imagen
Ciudad de New Harmony


El conde de Saint-Simon
Saint-Simon (1760-1825). Ampliar imagen
Saint-Simon
De origen aristocrático, pensaba que el progreso humano se obtiene mediante el desarrollo económico. La industria habría de recibir un nuevo impulso para evitar enfrentamientos entre los hombres.
Según Saint-Simon la sociedad debería ser regida por una élite de intelectuales, científicos y sabios, era partidario de una "tecnocracia" que garantizase el desarrollo de las clases más humildes. Para ello sería necesaria una trasferencia de poder desde los sectores "ociosos" de la sociedad (Ejército, Iglesia y Nobleza) a los "productores" (industriales y campesinos).


Charles Fourier
Le preocupaba la explotación, la miseria y la monotonía laboral que aquejaba a la clase obrera. Trató de paliarlas a través de la creación decolectividades voluntarias denominadas "falansterios".
Ch. Fourier ( 1772-1837). Ampliar imagen
Ch. Fourier
Falansterio. Ampliar imagen
Falansterio
Estas comunidades se constituyeron en centro de actividades agrícolas, industriales y contaron con administración, distribución y consumo propios. Sus discípulos fundaron falansterios en México, Estados Unidos y otros países. Fue defensor de la igualdadentre hombres y mujeres.
Otras figuras destacadas del socialismo utópico fueron el ya mencionado Blanqui, que formuló una teoría sobre la dictadura del proletarido, y Louis Blanc, partidario de la acción del Estado como forma de mitigar las desigualdades sociales. Tras la Revolución de 1848 en Francia, siendo ministro de Trabajo de la IIª República, auspició la creación de los Talleres Nacionales, con el objetivo de mitigar el desorbitado paro obrero generado por la crisis económica.

Causas de la Revolución Industrial. Aspectos Sociales


La revolución industrial es considerada como el mayor cambio tecnológico socioeconómico y cultural de la historia, ocurrido entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, que comenzó en el Reino Unido y se expandió por el resto del mundo. En aquel tiempo la economía basada en el trabajo manual fue sustituida por otra dominada por la industria y la introducción de maquinaria.La revolución empezó con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos de hierro. La expansión del comercio aumentó por la mejoría de las rutas y, posteriormente, por el ferrocarril. La introducción de la máquina de vapor y una poderosa maquinaria favorecieron los drásticos incrementos en la capacidad de producción. El desarrollo de maquinaria en las dos primeras décadas del siglo XIX facilitó la manufactura para una mayor producción de artefactos utilizados en otras industrias.
Las causas de la revolución industrial son complejas, algunos historiadores las ven como el momento en el que se dejaron atrás los cambios sociales e institucionales surgidos en el fin de la etapa feudal británica después de la guerra civil inglesa en el siglo XVII
Como los controles fronterizos se hicieron más efectivos, la propagación de enfermedades disminuyó previniendo epidemias como las ocurridas en tiempos anteriores. La revolución agrícola británica hizo además eficiente la producción de alimentos con menos trabajo intensivo, incentivando a la población que no podía encontrar trabajos agrícolas a tomar empleos relacionados con la industria, originando un movimiento migratorio desde el campo a las ciudades, así como un nuevo desarrollo en las fábricas. La expansión colonial del siglo XVII acompañada del desarrollo del comercio internacional, la creación de mercados financieros y la acumulación de capital son considerados factores influyentes, como también lo fue la revolución científica del siglo XVII. La presencia de un mayor mercado doméstico debería también ser considerada como un catalizador de la revolución industrial, explicando particularmente porqué ocurrió en el Reino Unido. En otras naciones como Francia, los mercados estaban circunscritos a regiones locales, lo que frecuentemente imponía altas tarifas en las mercancías comercializadas entre ellas.
La invención de la máquina de vapor fue una de las más importantes innovaciones de la revolución industrial. En el siglo XVIII la industria textil aprovechó el poder del vapor de agua para el funcionamiento de algunas máquinas que utilizaba. Estas textiles se convirtieron en el modelo de organización del trabajo humano en las fábricas. Además de la introducción de la maquinaria, la cadena de montaje contribuyó mucho en la eficiencia de las fábricas. Con una serie de trabajadores realizando una misma tarea en la elaboración de un producto a medio terminar a los siguientes trabajadores para que estos a su vez efectuaran otra tarea específica sobre éste, la cantidad de mercancía producida se incrementó significativamente.
Los efectos de la revolución industrial se esparcieron alrededor de Europa occidental y América del norte durante el siglo XIX, eventualmente afectando a la mayor parte del mundo. El impacto de este cambio en la sociedad fue enorme y frecuentemente comparado con el de la Revolución Neolítica (6000 años antes), cuando el arado hizo posible el desarrollo de la agricultura.

La industrialización que se originó en Inglaterra y luego se extendió por toda Europa no sólo tuvo un gran impacto económico, sino que además generó enormes transformaciones sociales.

A) Proletariado urbano.

Debido a la revolución agrícola y demográfica, los campesinos emigraron de forma masiva a la ciudad; el antiguo agricultor se convirtió en obrero industrial. La ciudad industrial aumentó su población como consecuencia del crecimiento natural de sus habitantes y por el arribo de este nuevo contingente humano. Esto se vio agravado por la mentalidad de la época, que consideraba que el trabajo humano no era distinto del de una máquina o un animal, es decir, que estaba totalmente regulado por la ley de la oferta y la demanda.
La carencia de habitaciones fue el primer problema que sufrió esta población marginada socialmente; debía vivir en espacios reducidos sin las mínimas condiciones, comodidades y condiciones de higiene. A ello se sumaban largas horas de trabajo, en las que participaban hombres, mujeres y niños que carecían de toda protección legal frente a los dueños de las fábricas o centros de producción. Este conjunto de males que afectaba al proletariado urbano se llamó la Cuestión social, haciendo alusión a las insuficiencias materiales y espirituales que les afectaban. La reacción de los obreros o "proletarios" ante esta situación fue violenta y se materializó en la huelga y en la creación de nuevas organizaciones gremiales (sindicatos, sociedades de resistencia y socorro, etc.)

a) Condiciones de trabajo.
Reducir a esclavitud a la clase obrera y organizar la vida de las fábricas, la disciplina y el régimen de trabajo, según un esquema más próximo al programa de vida de la cárcel que al del taller, fue el criterio general del empresario capitalista del siglo XIX. La concentración de mano de obra en las fábricas hizo nacer nuevas exigencias en la organización del trabajo. El artesano o el productor del taller familiar rechazaban el nuevo sistema de producción fabril. Las máquinas alimentaban sus sospechas de amenaza de paro, los largos horarios, los duros programas de trabajo y la disciplina impuesta por los capataces les repugnaban en cuanto mermaban su libertad. Más tarde serían aplastados bajo el peso de los monopolios. Fueron los más pobres, los trabajadores del campo y los pequeños propietarios rurales, arrojados hacia las ciudades por las leyes de cercados o las transformaciones en la explotación agrícola, quienes se vieron obligados a contratarse en las fábricas. Los niños “asistidos” por las parroquias lucen preparados y obligados desde allí a sumarse a las primeras oleadas de este nuevo proletariado.
Cuando, a principios del siglo, los fabricantes ingleses acudieron al gobierno para excusar el pago de impuestos debido a los “elevados salarios” que demandaba el obrero, VVilliani Pitt les contestó: “Tomad a los niños”. En un discurso en el Parlamento, William Pitt les declaró textualmente:
“La experiencia nos ha demostrado lo que puede producir el trabajo de los niños y las ventajas que se pueden obtener empleándolos desde pequeños en los trabajos que pueden hacer”
La legislación inglesa y la Iglesia anglicana defendieron a ultranza la contratación de niños. Los administradores de impuestos de pobres mandaron grupos de niños lejos de sus padres. Los ritmos de trabajo eran excesivamente duros. La estrecha vigilancia de los capataces imponía toda suerte de arbitrariedades, desde castigos económicos, como pago de multas, hasta castigos físicos. La vigencia de la tortura en las primeras concentraciones fabriles fue un hecho constatado en la literatura social de la época.
Los horarios de trabajo del obrero del siglo XIX oscilaban entre las catorce y las dieciséis horarias. En muchas fábricas se edificaban cobertizos al pie de las naves de trabajo, donde dormían hacinados cientos de hombres, mujeres y niños durante escasamente cinco horas diarias. Además los obreros se hallaban a merced de todo tipo de enfermedades.
Las revoluciones de 1830 a 1848 sacaron a la luz pública situaciones increíbles sobre la vida cotidiana del proletariado. Documentos como los de Villarmé, en su Cuadro sobre el estado físico y de los obreros, florecieron en los flujos y reflujos de los primeros movimientos populares. En él se denunciaban con las consecuencias de los salarios de hambre, las columnas de niños de seis a ocho años que a las cinco de la mañana recorrían enormes distancias para ir a los talleres. La inseguridad en el trabajo, agudizare todo en los comienzos del maquinismo, arrojaba altos índices de mortalidad laboral.

B) Burguesía industrial.

Al contrario del grupo anterior, los grandes empresarios fueron fortaleciendo su poder tanto económico como social, consolidando así el sistema capitalista, caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción y la regularización de los precios por el mercado, de acuerdo por la oferta y la demanda.
En este escenario, la burguesía desplaza definitivamente a la aristocracia terrateniente y deja de ser considerada “inferior” basando su situación de privilegio social esencialmente en la fortuna y no en el origen o la sangre. Acreditados por una doctrina que defendía la libertad económica, los empresarios obtenían grandes riquezas, no sólo vendiendo y compitiendo, sino que además pagando bajos precios por la fuerza de trabajo aportada por los obreros.


C) Propuestas para remediar el problema social.

El problema social va a intentar soluciones en nuevos movimientos económico-sociales e incluso, institucionales.

a) El socialismo utópico.

Corriente idealista que nace durante la primera mitad del siglo XIX y cuyos representantes más importantes fueron Robert Owen, en Inglaterra y Saint-Simón, Charles Fourier y Blanc, en Francia. Su ánimo general fue la filantropía, tratar de dar solución a la "cuestión social" a través de fábricas colectivas, talleres nacionales y falansterios o "comunidades socialistas". Los socialistas utópicos no constituían pensadores de tendencias homogéneas, sino que eran animados por su buena voluntad individual, lo que explica en parte el fracaso de sus tentativas.

b) El socialismo científico o marxismo.

Karl Marx y Friedrich Engels analizaron el origen de la problemática social y proyectaron consecuencias a largo plazo de ella, elaborando una teoría al respecto. Estas ideas están trazadas substancialmente en Das Kapital (El capital) de Karl Marx, en que sostiene que la base y motor del desarrollo histórico es la economía (infraestructura) y que es complementada con el aparato jurídico-cultural (superestructura) que contribuye a consolidar un determinado sistema productivo.
Además, el marxismo sostiene que la sociedad capitalista será sucedida por un estado proletario en que desaparecerá la propiedad privada y con ella, la lucha de clases. Se plantea que en esta etapa la propiedad será colectiva o común (de ahí el apelativo "comunista") y, se ejercerá "la dictadura del proletariado".
Estas ideas fueron compendiadas en el Manifiesto comunista, distribuido en París en 1848, escrito por Engels y Marx.

c) Anarquismo.

Surge en la segunda mitad del siglo XIX, y sus principales representantes fueron Proudhon y Bakunin.
Se trata de un socialismo radical extremista que niega la existencia del Estado, el cual debe ser destruido aún a costa de la violencia.

d) Doctrina Social de la Iglesia.

La doctrina católica no fue inmune a los problemas sociales ni tampoco al marxismo.
En el año 1864, Pío IX condenó en su Syllabus el materialismo histórico y el marxismo. En 1891 apareció la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, en la que se rechazó el conflicto de clases sociales y condenó el abuso de los patrones. Con esta Encíclica se inició la Doctrina Social de la Iglesia, que recalcó el valor y dignidad del trabajo humano, el respeto a la propiedad privada y la necesidad de las asociaciones de trabajadores. En 1931, esta doctrina se vio complementada con la encíclica Cuadragessimo Anno de Pío XI (que condena al liberalismo económico y al comunismo); en el concilio Vaticano II también se abordó el tema de las relaciones capital-trabajo.
A continuación, un fragmento de Rerum Novarum: « (...) Si el obrero presta a otros sus fuerzas a su industria, las presta con el fin de alcanzar lo necesario para vivir y sustentarse y por todo esto con el trabajo que de su parte pone, adquiere el derecho verdadero y perfecto, no solo para exigir un salario, sino para hacer de este el uso que quisiere (...) ».

CONSIGNAS DE TRABAJO:

  1. Importancia de la maquina a vapor en la revolución industrial
  2. Enumerar las consecuencias sociales de la proletarización urbana
  3. Causas que produjeron el surgimiento del trabajo infantil y femenino
  4. Como se resolvió la lucha social entre la burguesía y la aristocracia terrateniente