LA ACCIÓN SOCIAL según MAX WEBER


Se entiende por "acción " una conducta humana en la que el individuo, o individuos, que la producen, la establecen con un sentido subjetivo. Para la sociología la acción social, se refiere de manera general, al análisis del comportamiento humano en los diferentes medios sociales. Y Max Weber define la acción social como cualquier tipo de proceder humano orientado por las acciones de otro, las cuales pueden ser presentes o esperadas como futuras.

La actuación de otro, nos sirve como elemento para diferenciar las acciones con significado de los individuos, de una acción ante un estímulo cualquiera.La referencia a otra persona le da a la acción su carácter social, por ejemplo, cuando dictamos una clase ante un grupo de estudiantes, se espera que sea atendida con receptividad; estamos entonces, ante un caso de acción social.La acción social esta referida a la conducta de otros. Ya que existe una intersujectividad entre los sujetos movidos por la intencionalidad, tomando el ejemplo anterior podemos decir, que existe una conducta subjetiva en cada uno de los actores, enseñar - aprender. Estableciéndose así una relación dotada de un sentido que la hace comprensible. Esto explica, la lógica de los fenómenos sociales, acción - reacción de los comportamientos y así, establecer inferencias causales y modelos tipológicos.Para establecer las diferentes tipologías el autor de la teoría hace énfasis en la inseparabilidad que existe entre sociedad y los factores culturales que la afectan. Dicho de otra forma, la metodología para clasificar los tipos de acción, parte de una metodología que tiene su base en las causalidades culturales que supone la previsibilidad de las acciones.Distinguiendo así, cutro tipos de orientación del proceder social:1. La acción racional con arreglo a fines.2. La acción racional con arreglo a valores.3. La acción afectiva4. La acción tradicional.Cada tipo de acción o conducta emitida por el individuo parte de los valores, metas que se proponga y valores y medios que posea.

Tipos de acción social
1. Acción racional con arreglo a fines: Actúa racionalmente con arreglo a fines quien con orienta su acción por el fin, medios y consecuencias implicadas en ella y para lo cual sopese racionalmente los medios con los fines, los fines con las consecuencias implicadas y los diferentes fines posibles entre sí.
2. Acción racional con arreglo a valores: Determinada por la creencia consciente en el valor ético, estético, religioso o de cualquiera otra forma como se le interprete propio y absoluto de una determinada conducta, sin relación alguna con el resultado.
3. Afectiva: Determinada por afectos y estados sentimentales actuales.
4. Tradicional: Determinada por una costumbre arraigada.

Weber termina identificando cuatro clases dentro de la sociedad capitalista:
1.-La alta clase dominante (grandes propietarios o empresarios)
2.-Los trabajadores "de cuello blanco" (profesionales, técnicos y burócratas)
3.-La pequeña burguesía (pequeños propietarios, comerciantes, etc.)
4.-Los obreros manuales (a su vez diferenciados por su grado de capacitación)

Pero además de lo económico, Weber también mide el prestigio social ligado a los estamentos, y el poder político ligado a los partidos. El estamento se asocia a la idea de "honor social" y ésta puede servir de base para "el poder social" que caracteriza a los partidos.

La teoría del panóptico de Michel Foucault - Psicología social y relaciones personales

  
Sobre cómo el poder político y económico nos controla sin que seamos capaces de advertirlo.

El poder y el control y gestión de éste son elementos presentes de forma constante en la sociedad y en las instituciones.
La gestión del comportamiento de la ciudadanía y la actuación según unas normas de convivencia más o menos pactada y aceptada por el conjunto de la sociedad es llevado a cabo por diversos agentes a lo largo de nuestra vida. Dicha vigilancia y control serían analizados en la teoría del panóptico de Michel Foucault.

Entendiendo el término: ¿qué es panóptico?

Si bien la teoría del panóptico se ha popularizado gracias a Michel Foucault, el concepto panóptico fue ideado por Jeremy Bentham como un mecanismo aplicable al control del comportamiento de los presos en las prisiones.
El panóptico en sí es una forma de estructura arquitectónica diseñada para cárceles y prisiones. Dicha estructura suponía una disposición circular de las celdas en torno a un punto central, sin comunicación entre ellas y pudiendo ser el recluso observado desde el exterior. En el centro de la estructura se alzaría una torre de vigilancia donde una única persona podía visualizar todas las celdas, siendo capaz de controlar el comportamiento de todos los reclusos.
Éstos, sin embargo, no podían ser nunca conscientes de si eran vigilados o no, dado que dicha torre estaba construida de forma que desde fuera era vista como opaca, no sabiendo donde estaba o que hacia el vigilante. Así, el recluso podía estar siendo vigilado a cada momento, habiendo de controlar su comportamiento con el fin de no ser castigado.
La idea del panóptico sería recogida por Michel Foucault, que vería en la sociedad actual un reflejo de dicho sistema. Para este autor, el paso de los tiempos ha provocado que nos sumerjamos en una sociedad disciplinaria, que controla el comportamiento de sus miembros mediante la imposición de la vigilancia. Así, el poder busca actuar a través de la vigilancia, el control y la corrección del comportamiento de la ciudadanía.
El panoptismo se basa, según la teoría del panóptico de Michel Foucault, en ser capaz de imponer conductas al conjunto de la población a partir de la idea de que estamos siendo vigilados. Se busca generalizar un comportamiento típico dentro de unos rangos considerados normales, castigándose las desviaciones o premiándose el buen comportamiento.

Autogestión y autocensura

Este modelo social hace que el individuo autogestione su comportamiento, dificultando la coordinación y fusión con el grupo en pos de mantener la conducta dentro de un rango establecido como correcto por el poder. Se dificulta la formación y acción de grupos divergentes con el orden establecido.
El uso de mecanismos basados en el mismo principio del panóptico permite que el poder no tenga que ser ejercido y manifestado de forma continua, puesto que si bien en la antigüedad había una persona que ejercía el poder y vigilaba si era obedecido, ahora cualquier persona o incluso objeto puede ser un representante de dicho poder.
El hecho de que la vigilancia sea invisible, es decir que las personas observadas no puedan determinar si están siendo observadas o no, hace que el comportamiento individual sea controlado incluso cuando no se vigila. El sujeto en posible observación intentará obedecer las normas impuestas con el fin de no ser sancionado.

El panóptico en la sociedad

Para la teoría del panóptico de Michel Foucault, la estructura de tipo panóptico en la que algunos agentes gozan del poder de vigilar y sancionar el comportamiento del resto sin que éstos sean capaces de discernir si están o no siendo vigilados no se limita solo al ámbito carcelario en que Bentham lo imaginó.
De hecho, según Foucault todas las instituciones actuales tienen de una forma u otra este tipo de organización. Si bien no es necesario que sea llevado a cabo físicamente, e incluso sin que se lleve a cabo una vigilancia real en algún momento, el hecho de sabernos o creernos vigilados y evaluados va a modificar nuestro comportamiento en los diferentes entornos.
Por ejemplo, la teoría del panóptico de Michel Foucault es aplicable en el mundo de la empresa, donde los empleados controlan su conducta ante el conocimiento de que sus superiores pueden visualizar sus actuaciones. Dicho control mejora la productividad y disminuye la dispersión. Lo mismo ocurre en la escuela, con los alumnos autocontrolando su comportamiento cuando se creen vigilados por los docentes e incluso con los docentes cuando consideran que están siendo vigilados por los órganos directivos.
Para Foucault, todo en la actualidad está vinculado mediante la vigilancia, desde la participación en diferentes instituciones hasta nuestra vida cotidiana. Incluso en ámbitos como el sexo resultan visibles los mecanismos de control de la sociedad actual, buscándose el control de nuestras pulsiones a través de la normalización de la sexualidad. Ello se ha visto reforzado con el nacimiento de las tecnologías de la información, en que cámaras y sistemas de vigilancia han sido implementados y mejorados de cara a controlar el comportamiento ajeno.

Algunos aspectos vinculables a la Psicología

Tanto la estructura diseñada por Bentham como la teoría del panóptico de Michel Foucault tienen una importante consecuencia a nivel psicológico: el surgimiento del autocontrol de los sujetos debido a la presencia de vigilancia.
Este hecho se corresponde con el condicionamiento operante según el cual la emisión o inhibición de una conducta vendrá dada por las consecuencias de dicha acción. Así el hecho de saberse vigilados implica, según el caso, la expectativa de un posible refuerzo o castigo si realizamos determinadas conductas. Ello provocará que se lleven a cabo las respuestas que se procure realizar el comportamiento que provoque consecuencias positivas o que evite la imposición de un castigo, mientras que se evitará toda aquella conducta que suponga consecuencias aversivas.
Si bien puede mejorar el rendimiento laboral y el comportamiento en determinados ámbitos, dicha vigilancia constante puede suponer en muchos casos el nacimiento de reacciones de estrés e incluso episodios de ansiedad en personas que terminan inhibiéndose en exceso, siendo pues un control excesivo promotor de rigideces conductuales y malestar psíquico.
Asimismo, la imposición del poder va a generar un elevado nivel de reactancia en otras muchas personas, induciendo comportamientos opuestos a los que se pretendía conseguir inicialmente.
Dicho control también puede conducirse de manera positiva. El hecho de saberse vigilados puede incitar a los sujetos a realizar modificaciones de conducta que a la larga pueden suponer una ventaja adaptativa. Por ejemplo, puede ayudar a mejorar la adherencia y seguimiento de un tratamiento o terapia o incluso prevenir actos tales como agresiones, acoso o malos tratos. El problema es que muchas de esas modificaciones van a ser meramente superficiales y de cara al público, no provocando cambios actitudinales ni llevándose a cabo en la esfera privada. El cambio conductual se realiza básicamente por las posibles consecuencias y no por el convencimiento de la necesidad de un cambio.

Referencias bibliográficas:
•             Foucault, M. (1975). Surveiller et punir. Éditions Gallimard: París
•             Artículo relacionado: "Biopoder: la teoría que desarrolló Michel Foucault"
•             Te puede interesar: "Los 13 tipos de cárceles (y sus efectos psíquicos en los reclusos)"

La teoría del panóptico de Michel Foucault

¿Consumidores o consumidos?


Tendencias. Hasta hace pocas décadas el hombre se conformaba con lo que tenía y había conseguido con su propio esfuerzo. Pero eso cambió y hoy la sociedad lo empuja a tener más y más con la idea de que así se está mejor. 

A lo largo de la historia el hombre tuvo necesidades que tendió siempre a satisfacer. Más allá de las necesidades básicas, como vivienda o vestido, por ejemplo, fue adquiriendo a través del tiempo nuevos productos de confort que le ayudaron a vivir mejor, como luz eléctrica, teléfono, televisión, y que le permitió una vida cada vez más cómoda. Sin embargo, hoy en día está cubierto de nuevas necesidades, aunque estas carencias son más superficiales que las de hace unos años. ¿Pero quién determina cuán profunda es una necesidad? ¿Quién puede definir que es tenerlo "todo"?
Hasta hace unas décadas se estaba conforme con lo que se tenía o se podía conseguir gracias al esfuerzo personal. Hoy las transformaciones constantes en la tecnología, en el diseño de objetos y el proceso de globalización han transformado al ciudadano en un mero consumidor. Esta globalización es una internacionalización de las culturas que hace que se abran las fronteras geográficas y que todos accedan e incorporen los mismos bienes, materiales y simbólicos. Supone una interacción de actividades económicas y culturales, donde parecería que todos acceden a todo.
Sin embargo, este movimiento sólo ha llevado al hombre a una cultura de lo efímero, en la cual las cosas fluyen a gran velocidad, generando un gran vacío y nuevas necesidades a satisfacer. El consumo de lo innecesario se ha transformado en un proceso ritual, que ha llevado al hombre a darle importancia a ciertas cosas materiales y otorgarle un significado inédito con prácticas sociales que son sustentadas desde la sociedad. El consumismo extremo estaría reemplazando espacios que el hombre ha dejado de ocupar.
Hoy por hoy surge una nueva sociedad automatizada y conectada, que le permitiría al hombre una nueva manera de concebir la libertad. Casas inteligentes, que abren y cierran sus puertas y ventanas automáticamente o canillas que riegan el jardín a la hora programada, microondas, freezers, aire acondicionado, computadoras personales que logran una intercomunicación permanente entre los hombres, darían cuenta de una vida fácil de llevar y, por qué no, más tranquila. Sin embargo, Gilles Lipovetzky le llama a este momento hiper modernidad ya que lo caracteriza como la fuga hacia delante, donde todo es exceso, exceso de consumo y exceso de tecnología y, sobretodo, crecimiento fuera de los límites. Este "tener todo" llevaría a la era del vacío, y, como consecuencia, al crepúsculo del deber porque se ha llegado a un individualismo extremo.
La posmodernidad, sosteniendo una cultura de la imagen en la que varones y mujeres valorizan el cuerpo como mercancía y avalando el tener por sobre el ser, donde se es alguien en la sociedad en tanto se tiene tal o cual auto, se vive en tal o cual barrio o se usa tal o cual ropa, hace que se sigan reproduciendo prácticas que sustentan la idea de consumidor.
¿Consumo o consumismo?
Según el diccionario de la lengua española, consumir es gastar cosas que con el uso se destruyen o extinguen. Desde el planteo del marketing es la infinitización de un proceso simbólico en el cual se intercambian y se consumen significantes. Desde este punto de vista, el producto en sí mismo no significa nada, es in- significante, adquiere sentido al ser nombrado en el discurso, es su nombre. Y como todo símbolo la marca es la huella de una ausencia. El consumidor es quién canaliza su deseo en la marca y le da vida al producto. Por ello la marca expresa el significado permanentemente buscado por el sujeto: la completud.
En esa búsqueda es cuando el hombre puede caer en el consumismo, entendido como el exceso de consumo, transformado en un individuo que vive por y para el otro, adoptando reglas, valores, prestigios de referentes ajenos a su manera de pensar. La libertad de elección quedaría fijada a un yo descentrado que perseguiría consumir ciertos productos por lo que le dicen que son, limitada a un consumidor que actuaría en función de la mirada del otro: adquirir cierto producto en determinado lugar que otorgue prestigio social u ocultarlo de la mirada del otro porque no fue conseguido en el shopping establecido como prestigioso por la sociedad.
El consumidor mira al objeto-producto fuera de él para que éste lo prestigie frente a los otros. Establece con él una alianza afectiva que se repite infinitamente y constituye la naturaleza misma del consumo como singular fenómeno humano. Los productos, las cosas, muestran otra escena que el consumidor construye con ellos, tornándolos evanescentes para que él mismo resulte luego decepcionado.
El reconocer el carácter sustituto de deseos que viene a cumplir el producto, sería el puntapié inicial para tomar conciencia como sujetos.
Cabe preguntarse si esto conforma al hombre, que es quien trabaja de sol a sol por conseguir tener lo que la sociedad le dictamina que debe tener ya que el consumo no es algo individual o privado, sino que actúa dentro de una cultura y está afianzado por las instituciones que lo constituyen.
La función de la familia
¿Qué hacer para no seguir reproduciendo lo que criticamos?
En plena época tecnológica y digital, los valores evidentemente están siendo cambiados. Antes el conocimiento se acumulaba, ahora se descarta; en realidad, se aprenden cosas que en poco tiempo dejan de tener vigencia. El consumo no sólo es ineludible sino que es necesario, sólo se trataría de ir tomando conciencia de los procesos que se van dando en la sociedad, de los mecanismos que se operan para que el sujeto deje de ser tal para convertirlo en un individuo consumista.
La función de la familia será analizar los medios de comunicación, el mirar cuidadosamente los programas televisivos, reflexionar acerca de lo que los programas o publicidades que quieren transmitir, para poder formar sujetos críticos que se interroguen acerca de la realidad.
Nos debemos un tiempo de diálogo para formar ciudadanos que se puedan socializar con la mayor igualdad posible. De lo contrario, quienes puedan acceder a ciertos bienes materiales serán consumidores y los que no, consumidos, provocando desazón a quienes no pueden acceder a determinadas cosas.
Pero la sociedad es mucho más que esta dicotomía, consumidores o consumidos; es la suma de ciudadanos capaces de pensar y elegir qué es lo conviene a cada uno, pero no desde lo material, sino, por el contrario, desde lo personal y social.
No está mal querer vivir mejor o tener las comodidades para una vida más confortable: aire acondicionado, calefacción, vacaciones que permitan un tiempo de ocio o lo que cada uno crea que necesite. Ahora bien, es cada uno quien debe establecer las prioridades en su propia vida, de lo contrario sólo será una carrera contra todos y contra nadie que el hombre nunca podrá superar o sólo podrán hacerlo unos pocos. La carrera deberá ser con uno mismo, con elecciones diarias, con demandas, pero también con deseos que se puedan satisfacer, con consumo, pero como medio para vivir mejor y no como fin en sí mismo. La responsabilidad individual será la base para convertirse en sujetos críticos capaces de elegir lo que más le conviene a cada uno.

Diario La Capital - 2 enero 2017
Carina Cabo
Autora de "La Escuela, ¿para qué?"